• Enrique Cadícamo

     

    Cuando en 1880 Angel Cadícamo, de 25 años; su esposa: Hortensia Luzzi, de 21, y Antonio - el primogénito, de 4 - arribaron a Buenos Aires procedentes de San Demetrio Corone - Cosenza, Italia -, la Argentina estaba viviendo, en los comienzos de la llamada "etapa modernista", la transición presidencial entre Nicolás Avellaneda y Julio A. Roca, quien el 12 de octubre de ese año asumió el ejercicio de su primer mandato.

     

    Tras habitar un tiempo en la ciudad, la familia Cadícamo - con su nuevo retoño: María Laura - decide emigrar al pueblo bonaerense de Gral. Rodríguez, en donde Angel se emplea como mayordomo de estancia. Allí, durante los cuatro años siguientes nacieron José María y dos criaturas más que fallecieron poco después del alumbramiento. Luego se mudaron al vecino pueblo de Luján, donde el jefe de familia esta vez monta una pequeña empresa encargada de delimitar con alambrado los terrenos de la zona. Permancieron cinco años en aquella localidad religiosa, en el transcurso de los cuales los Cadícamo trajeron al mundo tres niñas más: María Adela, Amalia Rosalía y Herminia Verónica.

     

    La numerosa familia retorna al citado pueblo de General Martín Rodríguez; más precisamente, a la estancia de los Maireles donde don Angel vuelve a desempeñarse como mayordomo. Fue en esa hacienda donde a las 8 de la mañana del 15 de julio de 1900 (año final del siglo XIX), nació DOMINGO ENRIQUE CADÍCAMO, décimo y último hijo del trabajador matrimonio italiano, bautizado en la iglesia Nuestra Sra. del Carmen, patrona del pueblo.

     

    Aproximadamente en 1905 regresan a Luján y se asientan en una casona que compran en la zona céntrica.

     

    El pequeño Domingo aprendió a leer con sus hermanas María Adela y Herminia Verónica; ventaja que le significó entrar directamente al segundo grado del colegio de los Hermanos Maristas

     

    En 1910, cuando la patria cumplía su primer siglo, la familia Cadícamo se mudó al barrio de Flores, entre los grandiosos festejos encabezados por el presidente José Figueroa Alcorta y la Infanta española Isabel de Borbón.

     

    Domingo (por entonces, lógicamente, era llamado por su primer nombre) completó sus estudios primarios en las escuelas Saturnino Segurola y General Urquiza - ambas de Flores -. Luego cursó el nivel medio en el Colegio Nacional Mariano Moreno.

     

    En 1919 comenzó a desempeñarse como escribiente en el Archivo del Consejo Nacional de Educación. Allí entabló amistad con Leopoldo Lugones, Héctor Pedro Blomberg y Enrique Banchs, entre otros consagrados hombres de letras. Quien trabajaba en un escritorio vecino al suyo era Pablo Suero, un dramaturgo y crítico teatral cuyo nombre, más allá de su obra, ganó repercusión tanguera por haber sido el primero en incentivar al protagonista de esta reseña para que continuara en la senda de la poesía popular, luego de que éste le diera a leer alrededor de 1920 una letra intitulada Pompas, la misma que cuatro años después se convirtió en su famoso tango inicial, con música adaptada por el pianista Roberto Emilio Goyeneche y que fue estrenado por Carlos Gardel, quien lo plasmó en dos versiones discográficas: una registrada en Barcelona, el 27 de diciembre de 1925, y la otra en Buenos Aires, el 23 de septiembre de 1927. En menos de ocho años, "El Zorzal" llegó a grabarle a Cadícamo un total de 23 temas.

    Como dato curioso vale acotar que Goyeneche falleció poco antes de la primera grabación, el 22 de abril de 1925, motivo por el cual el poeta decidió cambiar el título de Pompas (indeseable coincidencia relacionada con las pompas fúnebres), por el de Pompas de jabón.

     

    En 1936 llegó a Río de Janeiro acompañado por "El Oriental" José Razzano y Charlo, quien tenía programadas una serie de presentaciones en el Casino de Urca y Radio Tupí, en las cuales, entre tango y tango, el poeta recitaría sus glosas. En ese viaje nació Ave de paso (de Cadícamo y Charlo).

     

    Con su inseparable amigo y colaborador Juan Carlos Cobián, en noviembre del 37 emprende un viaje hacia Nueva York. Allí permanecieron durante más de un año, haciendo historia en los más extraordinarios registros de la bohemia norteamericana.

    A su regreso, ante la insistencia de sus colegas, formó parte del directorio de SADAIC durante períodos presididos respectivamente por Canaro y Lomuto, entre los años 40 y 45.

     

    Cadícamo vivió sus últimos años con una salud de hierro que le permitió desempeñar una actividad intelectual lúcida y dinámica, mediante la cual continuó impulsando proyectos hacia el futuro, a la vez que rememoraba los ayeres lejanos, haciéndolos trascender desde la enorme importancia de sus fieles testimonios. "No es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor. Hoy la ciudad, la vida, son mejores que antes", dijo una vez, tratando de hacernos conformar con el cautiverio al que nos somete la inquieta modernidad. Sin embargo, él sabía, como nosotros presentimos, que aquella belle époque jamás podrá ser ni siquiera imitada artificialmente por los avances o retrocesos de la ciencia tecnológica.

     

    El 19 de octubre de 1999 a raíz de una descompensación renal tuvo que ser internado en la clínica Bazterrica por un par de días, lo que le impidió asistir al homenaje que esa misma noche se le realizó en el Teatro Cervantes. En sus previos 99 años sólo había sido hospitalizado en dos ocasiones (1908 y 1950) por el mismo motivo - operación de hernia -. El 25 de octubre volvió a ser internado, esta vez en la Fundación Favaloro, donde permaneció hasta el 14 de noviembre, retornando doce días más tarde. Allí se ocupó de sus quehaceres artísticos, como por ejemplo, el disco Cadícamo 2000, en donde reunió algunos de sus tangos inéditos. Su última publicación fue el prólogo del finísimo libro de fotografías Tango, de Aldo Sessa.

    A las 10 y 30 de la mañana del 3 de diciembre, su corazón, que llegó a latir en 100 años diferentes, se detuvo tras 36.300 días de marcha. Lo que no pudo ni podrá detenerse es su legado creativo.

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    Historia del Tango. Señores… Don Francisco Canaro – Parte 1

    Cubre una parte muy importante de la historia del tango rioplatense. Lo reúne todo como músico, compositor, director, productor teatral y cuna uruguaya más triunfo en Buenos Aires y en el mundo. Rodolfo Ghezzi nos cuenta la historia del popular Pirincho Canaro

    Francisco Canaro (I)

    Por
    Rodolfo Ghezzi   

    El  diez de Marzo de 1925 partía desde el puerto de Buenos Aires el vapor “Luteria”. Entre otros pasajeros llevaba a bordo a un grupo de músicos que se dirigían a París para continuar con la aventura que otros habían iniciado años antes en Europa tratando de imponer el Tango.

    Orquesta Francisco Canaro, destacada en la historia del tango



    Al frente de esta Orquesta Típica, se encontraba uno de los hombres más importantes que la música rioplatense ha llegado a tener en toda su historia: se llamaba Francisco Canaro. Entre otros y gracias a él, el tango triunfo en Argentina primero, en París después, para imponerse definitivamente en los Estados Unidos.


    Este viaje que lo llevaría a la Ciudad Luz, estuvo lleno de anécdotas que el propio Canaro recordaba con mucha gracia. Resulta ser que el Sindicato de Músicos de Francia había impuesto su criterio contra la actuación de músicos extranjeros, salvo que se trataran de “excepciones especiales”.


    El que sería, además de músico, el más grande empresario del Tango, vistió a toda la orquesta con trajes de gaucho, a su hermano Rafael lo proveyó de un serrucho para que le sacara sonidos y a la acompañante clandestina de uno de los músicos, de nombre Asprela, la hizo adornar con una vestimenta típica de la Pampa, para que cantara canciones campestres, con la poca voz que tenía. Recordaba el director: “Fue un corso. Mi hermano con el serrucho y la piba Asprela, cantando y simulando tocar la guitarra. Pero era “atracción especial”. La trampa consistió en que por cada canción con serrucho con la piba Asprela, le metíamos cinco tangos auténticos”.


     Hablaremos de esta etapa de París y del salto a Estados Unidos. Canaro llegó a tener en esa época, tres orquestas: una se había quedado en Buenos Aires,  otra la que estaba en Europa y luego la que viajó a Estados Unidos. Para la ocasión, hizo desplazarse a varios músicos que se encontraban en la capital argentina. El reconocimiento mundial a la orquesta de Canaro, llegaría también al Japón. Se puede afirmar rotundamente que el tango triunfó en tierras niponas, gracias al gran uruguayo. ¡Y que decir de España!


    Muchos mayores recordarán en aquél final de la década de 1920 al Trío Argentino que durante muchos años hizo furor por estas tierras: el que integraban Irusta, Fugazot y Demare. Otro invento y otro éxito de Canaro. Recordemos que un año y medio antes de la llegada de su orquesta a París, Carlos Gardel ya había cantado junto a José Razzano en el desaparecido teatro Apolo de la calle Alcalá de Madrid.


    Años después, coincidirían en la capital española para las fiestas de Navidad, compartiendo mesa y mantel con varios amigos. La magnífica relación entre ambos artistas iba cuajar en una sociedad que se concretaría después de la gira que terminó con la muerte del cantante. La tragedia impidió lo que hubiera sido una auténtica unión para el éxito.


    En las próximas dos notas intentaré relatarles la historia de este hombre, hijo de inmigrantes italianos que llegaron al Río de la Plata en la segunda mitad del siglo diecinueve, y se establecieron en el pueblo de San José, Uruguay, donde nació Francisco en el año 1888. Poco tiempo después, toda la familia  se trasladó a Buenos Aires, donde las posibilidades de trabajo eran mayores.

    Historia del Tango. Uno de los innumerables discos grabados por Francisco Canaro, éste con su Quinteto Pirincho


    En la habitación de una casa de inquilinato, se hacinaban los padres y  los ocho hijos. El progenitor trabajaba algunos días al mes y lo poco que ganaba no era suficiente para llenar tantas bocas. Pobreza infinita que lo obligó desde muy pequeño a tener que realizar los oficios más duros para poder llevar alguna moneda que aliviara la paupérrima situación. Parece mentira, pero Francisco Canaro llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo artístico, gracias a la música y a su capacidad empresarial.


    Una historia llena de anécdotas y de hechos que han marcado la difusión del tango. Entre las primeras, citemos por ejemplo, que gracias a Canaro,  el tango entró por primera vez en los salones más distinguidos de la aristocracia porteña. Hasta entonces, solo era música marginal, de arrabales y de gente de averías. Ricas historias que les invitó a compartir en las próximas notas.


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    Denise Anne Clavilier plasma “Barrio de Tango” en París, Francia

    Rodolfo Ghezzi, Académico del Tango en Madrid, nos habla de Denise Anne Clavilier, Académica del Tango en París, y de su libro “Barrio de Tango”. Que París bien lo es.
     
     
     

    Denise Anne Clavilier

    Por  
    Rodolfo Ghezzi    

    El destino o la casualidad, según se mire, pueden depararnos encuentros con seres que enriquecerán nuestro conocimiento y nos brindarán infinitas razones para dar gracias a la vida por haber tenido la fortuna de conocerlos.

    El primer día del pasado mes de Septiembre terminaba mi estadía en Argentina. Por la mañana fui a despedirme de los amigos de la Academia Nacional del Tango en Buenos Aires, donde el lunes 16 de Agosto había recibido el Diploma de Académico Correspondiente en Madrid.
     
     
    Denise Anne Clavilier y Rodolfo Ghezzi, posando junto al bandoneón de Aníbal Troilo, en la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires, Argentina.


    Walter Piazza, Secretario de la Presidencia, siempre atento, eficaz y diligente, tuvo la gentileza de presentarme a Denise Anne Clavilier e invitarnos a dialogar en un despacho, donde él hizo las veces de anfitrión. Luego nos tomó unas fotografías con el bandoneón de Aníbal Troilo de fondo, nada menos. Seguimos hablando,  intercambiamos tarjetas y nos despedimos.

    Denise presentaba al día siguiente en la Academia, su libro “Barrio de Tango” y también recibía el Diploma que la acreditaba como Académica correspondiente en París.
     
    Denise Anne Clavilier y Luis Alposta, durante la presentación de su libro "Barrio de Tango" en la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires, Argentina
     

    Estando ya ella en Francia y quien escribe en España, comenzamos el intercambio de información. Me hice adicto a su blog donde encuentro abundante información, no solo sobre Tango, sino de diversas actividades culturales que se desarrollan en Argentina y Europa.


    “Barrio de Tango”

    Había tenido oportunidad de hojear el libro en Buenos Aires y ahora que lo he recibido tengo en mi colección una auténtica joya bibliográfica. “Barrio de Tango” es una antología bilingüe publicada en París, fruto de la investigación de Denise Anne Clavilier, editada por Editions du Jazmín.
     
     
    Portada del libro Barrio de Tango de la francesa Denise Anne Clavilier

    Consiste en 231 letras de 97 autores desde 1916 hasta 2008, repartidas en 37 capítulos y un CD producido por el autor y cantante argentino Litto Nebbia.  Está prologado por la autora y tiene un epílogo de un auténtico sabio del Tango, Luis Alposta, autor de los deliciosos “Mosaicos porteños”. La portada está diseñada en base al típico dibujo del fileteado, arte popular de Buenos Aires que envuelve a una pareja de bailarines de tango. Aquí el responsable se llama Jorge Muscia.


    Me comentaba Denisse que en este trabajo, “intenté dar al lector francófono lo fundamental de la cultura popular porteña a través de una selección de letras que nos cuentan toda la relación que existe entre el Tango y la ciudad, lo que me permite aclarar todo el contexto histórico social, lingüístico, de una manera fácil de leer, con esta estructura en cuadras y esquinas, tandas de letras con algo en común y relatos sobre el punto común de las letras, integrando al libro como un juego de pista para los lectores”.

    La autora ha publicado también “Homenaje a Horacio Ferrer” en la revista francesa Triages y “200 años después”, antología bilingüe de poesía popular porteña. Recomiendo especialmente su blog
    BARRIO DE TANGO


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    A pedido de lectores, a través de EDITIOS DU JASMIN o de BARRIO DE TANGO podrán hacerse con el libro.
     
     
     
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    Historia del Tango. Tino Díez y el Pugliese engayolado

    Mi primer contacto con la orquesta de Osvaldo Pugliese fue en el Sportivo Isla Verde de esa localidad del sureste cordobes. Los vi a todos... Maciel, Montero, el Negro Mela.... pero al piano estaba Julián Plaza...


    Al maestro lo tenían "guardado" en Río Cuarto (sería el verano de 1953...). No obstante ello, esa noche nació un "pugliesista" que ha leído con mucha atención esta nota del guaitense (de Ingeniero White) Tino Díez, hombre con mucho recorrido en esto de bucear en las entrañas mismas del tango y sus vericuetos.
     
    Florentino Díez está debutando en Escribirte y desde aquí le felicitamos, ofreciendo a nuestros lectores una de sus primeras colaboraciones...

    TANGO ENTRE REJAS

    Tino Díez, el tango  con sus historias y curiosidades, visto desde Ingeniero White, Buenos Aires, Argentina

    Por
    Florentino Díez   

     

    Sistemáticamente se han querido callar con el hambre del silencio, las voces a través de las cuales los humildes se expresan. Así intentaron destruir a don Osvaldo Pugliese, una frágil figura expuesta a los vientos contrarios y que sin embargo tuvo el estoicismo de soportar y salir reconfortado de tantas veces que quisieron callarlo y tantas otras que con su verdad y firmeza de criterio solidificó en su interior.

    Se iba el año 1955 y un grupo de militantes de izquierda, poblaban las cárceles y los barcos. Algunos, muy cercanos al maestro Pugliese, como Jacobo Amar o Saúl Cascallar. Este último recordaba que, en momento, los amenazaban con separarlos, con tirarlos como lastre al Río de la Plata y el temor comenzaba a hacer mella. Osvaldo comenzó a tocar con todo ímpetu el Himno Nacional Argentino, para fortalecer a los que flaqueaban y, en medio de la emoción única del que sabe que va a morir, cuentan que nunca se escuchó un himno igual, tenía la tragedia y la fuerza 'de la última vez' Ese día 'todo el barco cantó', aunque algunos también lloraron”.

    Después en Devoto, nacieron el tango “No juegues a la guerra” de don Osvaldo y Morales Miramonte, como también, con letra de Jacobo Amar y música de Pugliese, “La pintada”, “34 a comer” y “Parar la olla”, aun inéditos,..

    Y otros, como “Proletario del mar”, “Amor por la vida”, “La luna enrejada”, con letra y música de Domingo Arce, seudónimo de Domingo Arcidiácono, “Cachito” de Arce y Julio Siesler y “Marcha de la juventud” de Arce y Pugliese.

    Con esas partituras, como con muchos recuerdos, inestimables para Pugliese, hubo destrucción y muerte, por parte de la turba “moralizadora”, en las repetidas y sucesivas requisas que sufrió su domicilio.

    De la “Milonga para Fidel” debe haber unos pocos ejemplares, de los que con certeza conocemos tres: El propio Fidel Castro recibió una de don Osvaldo, el segundo ejemplar lo tiene la señora de Pugliese y el tercero la hija del autor de la letra.

    Un día de visita a la cárcel de Villa Devoro, coincidió y se celebró allí el octavo cumpleaños de Norberto Amar, el hijo de Jacobo y se estrenaron varios tangos, entre ellos “La Pintada”.Muchos años más tarde, Norberto Amar recordaría ese instante, en una poesía titulada “Cumpleaños”...

    ”Devoto era una fiesta
    para mí,
    en esa nochecita
    arrancada, especial,
    cuando un cantor
    me fraseó "La Pintada"
    mientras el piano de Osvaldo
    junto a los versos del viejo
    tocaban entre rejas”

    Pero a pesar de tanta maldad y destrucción, los temas están esperando un instrumento,  para poder exclamar “las voces que silenciáis, vuelven a encontrar la luz”.
     
     
     
    Muchas gracias Tino...
     
    Eduardo Aldiser

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    Historia del Tango. Señores… Don Francisco Canaro – Parte 2

    “Si bien muchos indican que fue Julio De Caro el gran renovador del Tango, es cada vez mayor la corriente que lo ve a Canaro como el que se atrevió, años antes, a innovar, en un auténtico desafío a lo establecido”, nos dice Rodolfo Ghezzi.




    Francisco Canaro (II)

    Por
    Rodolfo Ghezzi 


    Entre las grandes logros de Francisco Canaro que adelantábamos en la primera nota justamente al final de la misma, estaba una de sus grandes victorias: que el Tango entrara por primera vez en los salones de la aristocracia porteña, reacia a aceptar una música a la que calificaban de orillera, procaz , arrabalera y propia de prostíbulos y conventiyos(1).


    Esa clase alta que rechazaba todo lo que tuviera origen popular, se olvidaba de sus propios orígenes, enraizados en la fusión de antiguos nombres de la conquista y de las familias criollas.
     
     
    De smoking, la señorial orquesta del maestro Francisco Canaro, un conjunto típico que una larga época en el tango rioplatense
     
     
    Vamos a los hechos: está actuando Canaro con su orquesta en un famosa sala de fiestas de Buenos Aires, el Pigall, cuando un cliente de los habituales lo llevó a ver a una señora de alta alcurnia que quería contratarlo. El maestro recordaba con afecto este hecho: “Se llamaba nada menos que Paz Anchorena (en Argentina el doble apellido lo usan las familias muy tradicionales). Y sus recomendaciones me causaron mucha gracia: quiero que comprenda que las señoras y niñas que frecuentan mi casa son de distinta condición a la que ustedes acostumbran a tratar en los cabarets donde ustedes actúan. Quiero que los músicos se porten como si no estuvieran en la fiesta. Nada de miradas intencionadas y guiños. Quiero que no tomen una sola copa mientras dure el baile. Y sobre todo, no deben cantar la letra de ningún tango y mucho menos esa que dice “la catrera está cabrera”... (2 y 3)


    Aquella fue la primera vez que músicos de tango, actuaron vestidos de riguroso smoking. El sitio, uno de los bellísimos palacetes que se pueden contemplar en Buenos Aires, se llamaba precisamente “El Palacio de los Paz”, que luego fuera sede del Círculo Militar, frente a la Plaza San Martín. Desde entonces, la orquesta de Canaro era número artístico fijo en las fiestas de la alta sociedad, actuando hasta dos veces por semana en dichas reuniones.
     
     
    Rafaela Canaro contemplando una interpretación del maestro Jorge Dragone, en la constitución del conjunto Francisco Canaro, en fechas recientes


    El uruguayo que tuvo que sobrevivir  en su niñez vendiendo diarios en una esquina, lustrando zapatos, haciendo de pintor de brocha gorda, continuaba rompiendo moldes, entraba por la puerta grande de los que decidían en el País,  introduciendo también en la orquesta la figura del cantante y atreviéndose a desafiar a los “machistas” con la incorporación de la mujer como vocalista. Subió por primera vez al escenario a quién él llamo “Azabache” por su negra cabellera y que luego sería bautizada por Libertad Lamarque “La Ñata Gaucha”: Azucena Maizani. 


    Si bien muchos indican que fue Julio De Caro el gran renovador del Tango, es cada vez mayor la corriente que lo ve a Canaro como el que se atrevió, años antes, a innovar, en un auténtico desafío a lo establecido.


    A fines del siglo XIX y comienzos del XX, los conjuntos  estaban integrados por tres o cuatro intérpretes y determinados instrumentos, entre ellos la guitarra y el violín. En 1906, el uruguayo tenía su propio trío y componía su primer tango, “La barra fuerte”  Años más tarde sustituyó la guitarra por el contrabajo (1917). Un año antes había revolucionado el ambiente tanguero, formando su propia orquesta con quince músicos. Comenzaba la verdadera historia de la Orquesta Típica. Nos quedan los años más prolíficos del gran creador, pero eso lo dejamos para la próxima entrega.


     (1) Casa de vecindad, de aspecto pobre y con muchas habitaciones, en cada una de las cuales viven uno o varios individuos o una familia. (Diccionario Lunfardo, J. Gobello)

    (2) “Todo es Historia” Septiembre 1968.
     
    (3) Catrera: Cama (Del tango “Mi noche triste”)



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    Historia de Tango. Sobre el gran Julio De Caro

    Desde su pueblo leonés, en España, César Tamborini Duca nos remite este comentario escrito por un tercero sobre Julio De Caro, en base a un reportaje que le realizara Pinky. Este gran músico argentino le ha dado su actual identidad al tango.




    La honra del apellido



     La otra noche Pinky contó la conmovedora historia de Julio de Caro. Su padre, don José de Caro, era un músico clásico orgulloso de su formación cultural pero que despreciaba la música popular. En la calle Defensa, a 20 cuadras de la Casa Rosada, instaló un conservatorio y un anexo donde se vendían instrumentos musicales y partituras.

    Don José había diseñado para su hijo Julito un destino de médico y de gran concertista de guitarra. Pero el pibe, con los atorrantes del barrio y de pantalones cortos se escapó una noche al Palais de Glace a ver la orquesta de Roberto Firpo y quedó fascinado. A la madrugada, todos gritaban que toque el pibe, que toque el pibe y él también porque un tango se llamaba así. Hasta que un amigo le dijo: ”Es a vos Julito, la gente pide que toques vos.” Recién cuando apoyó el violín contra su cuello su cuerpito frágil dejó de temblar como una hoja. La música maravillosa que produjo hipnotizó a todos con su belleza.

    Cuando Julito regresó de madrugada,  lo estaba esperando su padre que lo castigó a vivir una semana en un rincón, a pan y sopa. Julito metió violín en bolsa. Su corazón se desgarraba ante cada reto de su padre que insultaba a esos vagos que tocan esa música bastarda, esas melodías prostibularias. Pero la magia del tango ya se había metido para siempre en el corazón de Julio de Caro.

    Un día, el tigre del bandoneón Eduardo Arolas lo invitó a tocar en su orquesta y ese fue el final. Otra madrugada el padre de Julio lo esperó detrás de la puerta y lo echó de su casa: “Usted elige mocoso, la medicina, la guitarra y el concierto o esa porquería que toca con el violín. Usted me ha traicionado, ha deshonrado mi apellido”.

    Julio se fue vencido de la casita de sus viejos. Durante 20 años le envió cartas a su madre y nunca fueron respondidas.

    Después de mucho sacrificio y de pasar grandes privaciones económicas, Julio empezó a triunfar en todo el mundo. Les mandaba a sus padres los recortes de los diarios que hablaban de su genialidad y nada. Ni una línea a vuelta de correo. Por eso su mirada siempre estaba triste pese a que su crecimiento profesional fue enorme. El presidente "Marcelo T. de Alvear" se declaró su admirador.

    De gira por Europa una noche tocó en un palacio de Niza ante cientos de bacanes. Alguien se levantó de su mesa, elegante con su smoking tan lustroso como su cabello y dijo: “Así como me reciben a mí les pido que reciban y escuchen a Julio de Caro”. Era un presentador de lujo: "Carlos Gardel". Enseguida uno de los bailarines le pidió que repitiera el tango “El Monito”. Y luego otra vez. Y otra. De Caro no podía negarle ese pedido a "Charles Chaplin".

    ¿Qué extraño misterio arrabalero hacia disfrutar al genio de Chaplin de esa letra que dice “mi pebeta ya se fue/y nunca volverá/Tal vez irá rodando al cabaret/ buscando en su dolor,/ alivio de champán/olvido a mi desdén”.

    De Caro después tocó para el "Aga Khan", para "El Príncipe de Gales", y fue pasión de multitudes. Se convirtió en un artista inmenso que marcó para siempre con su identidad la música de Buenos Aires. Pero sus padres seguían sin aparecer y la llaga de su corazón seguía abierta.

    Paloma Efrom, "Blackie", cantó en su orquesta. Edmundo Rivero también. En 1937, nadie quiso perderse el regreso triunfal de Julio de Caro al Teatro Opera.

    Después de varias ovaciones, Julio se quedó un tiempo largo en el camarín esperando que se fuera el público para poder salir tranquilo. Pasaron dos horas y salió caminando por el pasillo del teatro apenas alumbrado por pequeñas lucecitas rojas.
     
    De pronto vio difusa dos figuras que se recortaban en la penumbra. Eran sus padres. Don José se acercó temblando hacia su hijo y después de 20 años le dijo, sin tutearlo: “Vengo a pedirle perdón. Usted hace una música de ángeles”. Y no pararon de llorar en un profundo abrazo. Julio de Caro en el medio de un reportaje que le estaba haciendo Pinky, con los ojos llenos de lágrimas, contó que le dijo:

    -“Vió Papá que yo no deshonre el apellido, no lo deshonré”.

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    Historia del Tango. Lorca en Buenos Aires

    Como otras muchas figuras de la literatura española,  el poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca fue, durante cinco meses, un porteño más, apasionado también por el tango.
     
    Rodolfo Ghezzi  nos guía, siguiendo los pasos del gran poeta, para descubrir los detalles y encuentros en esa estancia en Argentina.
     
     
     
    Lorca en Buenos Aires
     

     
       

     
    “Estoy abrumado por la cantidad de agasajos y atenciones que estoy recibiendo, un poco  deslumbrado de tanto jaleo y tanta popularidad. Aquí en esta ciudad tengo la fama de un torero”. Federico García Lorca había llegado a la “Reina del Plata” el 13 de Octubre de 1933 en el buque Conte Grande. Se cumplen setenta y siete años.  Dicen que invitado por la Asociación Amigos del Arte, pero seguramente fue la actriz Lola Membrives, la misma que once años antes había llevado a Jacinto Benavente a recorrer Argentina, quién movió los hilos para acercar al poeta. Estuvo en Buenos Aires hasta abril del año siguiente. Dio conferencias,  concurrió a tertulias y asistió al reestreno de  su “Bodas de sangre”, obra que su bienhechora puso en el teatro Avenida. Al final, cinco minutos de aplausos y ovaciones colmaron de satisfacción al granadino.
     
     
    1934. Federico García Lorca junto a Encarnación López Júlvez, nacida en Buenos Aires, Argentina, artísticamente conocida como La Argentinita

    En carta a sus padres enfatizaba que “lo mejor de la sociedad de aquí” se puso en pie para brindarle su entusiasmo. Eso sucedió el 24 de Octubre. Dirigió además los ensayos de sus aplaudidas “La zapatera prodigiosa” y “Mariana Pineda”. Federico se alojaba en la habitación 704 del entonces Hotel Excelsior (hoy Castelar) ubicado en la Avenida de Mayo ll52 de la capital argentina. Los que pasen por su puerta, verán las placas que recuerdan al poeta. Años después,  cuando la hermana de García Lorca visitó Buenos Buenos Aires, se alojó en la misma habitación.
     
    En su estadía compartió momentos con Pablo Neruda, a la sazón cónsul segundo de la Embajada de Chile. Con él y el poeta argentino Oliverio Girondo rindieron un homenaje en el Pen Club al nicaragüense Rubén Darío. El autor de “Veinte poemas para leer en el tranvía”, ya formaba pareja con Norah Lange a la que se atribuían amores juveniles con Jorge Luis Borges.
     
     

    Federico García Lorca, escritor, poeta y dramaturgo español, visitante destacado en la Buenos Aires de 1933 / 1934
     
     
    En el grupo que acompañaba al poeta español, también estaba el autor de “El Aleph”, su madre Leonor, Amparo Mom, Raúl González Tuñon y Alfonsina Storni. Cuenta Germinal Nogués en su libro “Buenos Aires ciudad secreta”  que en oportunidad de ser Lorca huésped del Castelar “fue agasajado tras el estreno de “Bodas de sangre” y que durante la fiesta, tras una discusión, Norah Lange y Oliverio Girondo se reconciliaron bailando un tango.” (1) Se habla también de la amistad que el poeta mantuvo con el uruguayo Enrique Amorim. Se dice que el escritor italiano Umberto Eco, encontró en una librería antigua de la Avenida de Mayo en Buenos Aires, un ejemplar de “La carreta” con una dedicatoria del oriental al español.
     
    El escritor Cesar Tiempo recordaba que cuando estaba ensayando su obra “El teatro soy yo”,  Federico estuvo entre los asistentes y que luego, en la esquina de las calles Corrientes y Libertad, se encontraron con Carlos Gardel. Luego de las presentaciones de rigor, “El Zorzal” invitó a todos a su casa y cantó para el poeta y sus amigos, los temas “Caminito”, “Mis flores negras” y “Claveles mendocinos”, acompañándose con su guitarra. Se ocuparían varias páginas para relatar todas las vivencias de Lorca en Buenos Aires. Quiero terminar con palabras suyas, tomadas del libro arriba citado: “...Buenos Aires tiene algo vivo y personal: algo lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en medio de sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina...” (2)
     
    (1) y (2): “Buenos Aires ciudad secreta”, Germinal Nogués. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Argentina.
     
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