• Historia del Tango. Miguel Andreis aporta sus recuerdos y vivencias con Rubén Juárez

    Nos dice Rodolfo Ghezzi:  “Estoy leyendo muchas notas, merecidas todas, en homenaje al gran cantante y bandoneonista Rubén Juárez, recientemente fallecido. Pero hay una que pertenece a un gran periodista cordobés, Miguel Andreis, director del semanario "El Regional" de Villa María,  Córdoba, Argentina,  que me ha llegado al corazón.
     


    Esta ciudad cordobesa está muy cercana, en Argentina,  a la de Ballesteros, lugar de nacimiento del artista. Yo mismo tengo una compañera de secundario , prima hermana de Juárez, con la que mantengo correspondencia virtual. Miguel era amigo de Rubén y compartió con él muchas horas y fue testigo de su éxito. Esta nota que a continuación podrán leer los amigos de Raíz Argentina , es publicada en la edición de  "El Regional" de Villa María, el sábado 5 de Junio 2010. Un fuerte abrazo”.

    Rodolfo Ghezzi.
     


    Rubén Juárez: el tango gime su silencioso adiós 
     
     
    Rubé Juárez entregado a su público en Buenos Aires, Argentina, con el Obelisco haciéndole guardia al Tango Argentino

    El whisky tuvo un amargo sabor. Era el último. El fueye sintió  un ataque de ciático y se quedo chato. Mudo. Sollozaba en soplidos cortos y lastimeros.  A los lejos un gemido de gorrión escruchaba al canillita que anunciaba tu adiós.  Se murió Rubén. El Gordo. Se fue despacio, bamboleándose como siempre. Derechito en la búsqueda de Pichuco  o el Polaco.

    Decime,  decime ahora ¿qué tango hay que cantar?...

    Por Miguel Andreis


     No sabrás... nunca sabrás
    lo que es morir mil veces de ansiedad.
    No podrás... nunca entender
    lo que es amar y enloquecer.
    Tus labios que queman... tus besos que embriagan
    y que torturan mi razón.
    Estás clavada en mí... te siento en el latir
    abrasador de mis sienes.
    Te adoro cuando estás... y te amo mucho más
    cuando estás lejos de mí.
    Tengo miedo  de perderte...
    de pensar que no he de verte.
    ¿Por qué esa duda brutal?
     
    Canta Rubén Juárez señores... allí está, instalado en la historia del tango argentino.
     


    De purrete te fuiste de tu natal y querida Ballesteros. Ya pintabas para diferente.  Te prendiste a una viola e incursionaste en el rock. Después, casi de piernas lampiñas,  llegó el bandoneón. Ese respiraba como vos. Se agitaba cuando tus dedos de cuadradas le daban franela a las teclas. Miles de pájaros brotaban con sonidos de miel desde ese negro que se henchía.  Buenos Aires te vio crecer la barba y desplegar el talento. Las noches de Sarandí se inundaban de canto… la vieja siempre al lado. Allí. Cuidando al nene…
    Tuve la sensación
    de que tu canto cruel
    lo habías robao, bandoneón...
    Recién comprendo bien
    la desesperación
    que te revuelve al gemir
    ¡Sos una oruga que quiso
    ser mariposa antes de morir!
    Y la vieja enloqueció de orgullo cuando a los 16 ganaste un concurso de tangos. La pucha que era difícil teclear y darle voz a las letras. ¡¡ Y qué voz varón… qué voz!!

    Cuando uno de los guitarristas de Julio Sosa, Héctor Arbello te descubrió. Se prendió  con vos pibe. Y llegaste a los oídos de Pipo Mancera, y te citó a “Sábados Circulares”. Nada menos que ahí. Y Troilo, tenés idea quién, te pidió si le permitías ser tu padrino…¡¡ Pichuco, gordo, Pichuco!! Claro, paró la oreja para escucharte…
     
    Es el pibe de Ballesteros que se vino para Avellaneda... es Rubén Juárez, tango argentino en su voz y su fuelle

    Manos laburantes moldearon tu arcilla,
    mezcla milagrera de obrero y gorrión,
    quien nace diariero morirá canilla,
    cumpliendo en la vida la ley del pregón.
    Por vos Buenos Aires se despierta al alba,
    colgando en el aire sus trapos al sol,
    sos el estribillo de un tango que arranca
    allá entre las teclas de una redacción.
    Y Pichuco te adoptó… sí, él te adoptó. Y fuiste referente de la noche porteña en Caño 14, El Viejo Almacén y Michelangelo… el purrete que de lompas cortos iba comprendiendo que los sueños suelen posarse en las manos. O en la voz….
    Bandoneón,  hoy es noche de fandango
    y puedo confesarte la verdad,
    copa a copa, pena a pena, tango a tango,
    embalado en la locura
    del alcohol y la amargura.
    Bandoneón,  ¿para qué nombrarla tanto?
    ¿No ves que está de olvido el corazón …?

    Ya tu rostro de flaco pintón, hacía juego con el canto y esa coordinación que seducía. “Si no hubiese aprendido de chico a tocar y cantar jamás lo habría logrado” decías con la naturalidad de un hornero que disfruta cuando llega el chaparrón. Y agregabas “Coordino cuatro cosas: mano derecha, izquierda, respiración del canto y respiración del bandoneón”
    Vos que tenés labia, contame una historia.
    Metele con todo, no te hagas rogar.
    Frename este absurdo girar en la noria
    moliendo una cosa que llaman "verdad"...
    Contame una historia distinta de todas;
    un lindo balurdo que invite a soñar.
    Quitame esta mufa de verme por dentro
    y este olor a muerte de mi soledad...

    También Europa supo de tu calidad interpretativa. Fana de Racing hasta los huesos. Querido y admirado por miles, resistido por otros. Extrañabas a Buenos Aires y sus noches, y en las noches añorabas a tu Ballesteros. Volvías de vez en cuando. Después de los cincuenta sentiste que la tierra que escuchó tu primer llanto te llamaba. Y venías. Y departías con los amigos sones y canciones. La noche. Amabas la noche. 
    Fue a finales de los noventa cuando en una ancha y cargada mesa contaste lo del “bandoneón blanco”.

    “Lo del bandoneón es simple… cuando comencé a mezclarme con los rockeros en los recitales, con Charly, el Flaco Spineta, Fito…  fue entonces cuando los pibes cantaban tango y nosotros rock;  creí que una manera de unir estas vertientes era aportando un color diferente al fueye… que fuera el fueye del rock, y encargué uno blanco. Y desde entonces en todos los recitales con los pibes fue con ese… con el blanco que tenía rock y tango en sus teclas”. Allí estaba el estigma del instrumento blanco…

    Decime bandoneón que tango hay que cantar
    no ves que estoy muriéndome de pena
    yo se que en tus archivos se quedó
    un tango que Gardel nunca cantó.

    Que tango hay que cantar, decime bandoneón
    yo se que vos también lloras de amor
    tuviste un desengaño como el mío
    la noche que Malena se marcho



    Te viniste para las sierras, “De Carlos Paz todo me queda cerca” decías. Apostate fuerte a la voz de tu piba. También tanguera. Movías la lamparita cuando “Pasional”  se hacía carne desde tus entrañas; o la aguardentosa voz del ex colectivero Polaco te pegaba en la nuca….
    Ya ves,
    el día no amanece,
    "Polaco" Goyeneche,
    cantame un tango más.
    Ya vez,
    la noche se hace larga,
    tu vida tiene un carma,
    cantar, siempre cantar.
    Tu voz,
    que al tango lo emociona,
    diciendo el punto y coma
    que nadie le cantó.
     
    Tapin de buen cantor de tango y más, gran bandoneonista, Rubén Juárez
     


    De estómago generoso, y amigos de madrugadas eternas. Si hasta el mismo Nano Serrat te apretaba desde el teléfono “cuidate Rubén, cuidate hombre”. Reíste a carcajadas cuando dijeron que te habías dado un pico con Charly. Eras una porción enorme del sentimiento tanguero

    Dandy,
    ahora te llaman
    los que no te conocieron
    cuando entonces eras terrán,
    porque pasás por niño bien
    y ahora te creen que sos un gran bacán;
    pero yo sé, Dandy,
    que sos un seco, y en el barrio
    se comentan fulerías, para tu mal...
    cuando sepan que sos confidente,
    tus amigos del café te piantarán.
    Has nacido en una cuna
    de malevos, calaveras, de vivillos y otras yerbas...
    Sin embargo, ¡quién diria!,
    en el circo de la vida siempre fuistes un gran chabón.

    Luego de una larga e intermitente  lucha para recuperar la figura, justo te fue a ensartar un cáncer de próstata. Y la estiraste todo lo que el lomo te aguantó. Esta semana, a los 62, en una clínica porteña y rodeado de tus hondos afectos, con el fueye pegado al suero… entonaste tu última estrofa. Te fuiste.

    Se me gastaron las sonrisas de luchar.

    Luego la verdad,  que es restregarse con arena el paladar y ahogarse sin poder gritar…

    La muerte puede gritar pero siempre llega en silencio… y en silencio se llevó una caja de talento llamado Rubén “Gordo” Juárez.
     
     
    Miguel Andreis.  Semanario El Regional, Villa María, Córdoba, Argentina
     
     
    Las fotografías pertenecen al portal oficial de RUBÉN JUÁREZ



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